Chinolita, “El amor en sí es profundamente divino, terriblemente divino.”

9 febrero 2009 at 11:47 PM Deja un comentario

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Chinolitas, en  esta ocación me dirijo a todos ustedes, con el propósito de hablar en forma enfática sobre eso que se llama amor.

Hemos escogido tal tema por tratarse del día de San Valentín, que ya se apróxima,  el patrón del amor.

Indubitablemente Valentín, fue un gran maestro del amor, formó una escuela denominada la de los valentianos. Fue gente que se dedicó al estudio del esoterismo crístico en todos sus aspectos, por eso nos dirigimos a ustedes en forma precisa para hablarles sobre el milagro del amor.

En nombre de la verdad, he de decir que el amor comienza por un destello de simpatía, se substancializa con la fuerza del cariño y se sintetiza en adoración.

Amar, cuán grande es amar. Solamente las grandes almas pueden y saben amar.

Para que haya amor, se necesita que haya afinidad de pensamientos, afinidad de sentimientos, preocupación mental idéntica. El beso viene a ser la consagración de dos almas ávidas de expresar en forma sensible lo que anteriormente viven.

El acto sexual viene a ser la consubstancialización del amor en el organismo psicofisiológico de nuestra naturaleza. Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres, uno que ama más y otro que ama mejor.

El amor es la mejor religión asequible. Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot dijo: “Te doy amor en el cual está contenido todo el sumum de la sabiduría”.

Cuán noble es el ser amado, cuán noble es la mujer cuando en realidad de verdad están unidos por un vínculo de amor. Una pareja de enamorados se torna mística, caritativa, servicial. Si todos los seres humanos viviesen enamorados, reinaría sobre la faz de la tierra la felicidad, la paz, la armonía, la perfección.

Ciertamente un pañuelito, una fotografía, un retrato, provocan en el enamorado, estados de éxtasis inefables. En tales momentos se siente comulgar con su amada aunque se encuentre demasiado distante, así es eso que se llama amor.

En Estados Unidos y también en Europa, existe una orden denominada “La Orden del Cisne”. Los afiliados a esta orden, estudian y analizan en forma profunda todos los procesos científicos relacionados con el amor.

Cuando la pareja está en realidad de verdad enamorada se producen dentro del organismo transformaciones maravillosas. El amor es una efusión o una emanación energética que brota de lo más hondo de la conciencia, esas radiaciones del amor, estimulan a las glándulas endocrinas de todo el organismo y ellas producen millones de hormonas que invaden los canales sanguíneos llenándolos de extraordinaria vitalidad.

Hormona, viene de una palabra griega que significa ansias de ser, fuerza de ser. Muy pequeña es una hormona pero cuan grandes poderes tiene para revitalizar el organismo humano.

En realidad de verdad, uno se asombra al ver a un anciano decrépito cuando se enamora, entonces sus glándulas endocrinas producen hormonas suficientes como para revitalizarlo y rejuvenecerlo totalmente.

Amar, cuan grande es amar. Solamente las grandes almas pueden y saben amar.

El amor en sí mismo es una fuerza cósmica, una fuerza universal que palpita en cada átomo como palpita en cada sol. Las estrellas también saben amar. Aparte observemos en as noches deliciosas del plenilunio, ellas se acercan entre sí, y a veces se fusionan o integran totalmente. Una colisión de mundos exclaman los astrónomos, más en realidad de verdad lo que en realidad ha sucedido es que dos mundos se han integrado por los lazos del amor.

Los planetas de nuestro sistema solar giran alrededor del sol, atraídos incesantemente por esa fuerza maravillosa del amor.

Los átomos dentro de las moléculas también giran alrededor de sus centros nucleares atraídos por esa fuerza formidable del amor.

Observemos el centello de los mundos en el firmamento estrellado. Comulgan tal como un centelleo luminoso las ondas de luz, las radiaciones con el suspiro del amor. Hay amor en las estrellas, en la rosa que lanza bailes y su perfume delicioso.

El amor en sí es profundamente divino, terriblemente divino.

Samael Aun Weor.

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